Relato, Versión final.
“Las etiquetas son para el
cuaderno no para las Infancias”
De cómo nombramos a los niños
y niñas termina convirtiéndose en su apodo
Me encontraba cursando las prácticas de taller 2 en una sala de 4 años, con niñas y niños felices y muy curiosos, me limitaba a observar actividades para su posterior análisis y realizar ayudantías pedagógicas, estando en la sala, había una situación recurrente que me molestaba, era inexplicable lo mal que me sentía cuando aparecían esas situaciones, quizás traían recuerdos de mi infancia a mi mente, no lo sé, lo que sí puedo decir, es que son dañinas para quienes lo reciben. En este caso eran niños. Varios niños.
Observaba las actividades de la docente, y notaba que no todos se
integraban con la misma espontaneidad, a las propuestas que presentaba la
docente, eso parecía no ser un problema para ella, mucho menos para los niños y
niñas porque parecían no entenderlo como un problema.
Las actividades comenzaban, los niños más “rápidos” y “buenos” se sentaban
en la mesa, la docente daba las indicaciones y empezaban hacer las actividades,
a un costado quedaban algunos, generalmente eran 2 o 3, sentados sin entender
las consignas o sin interés por las actividades. Ella decía, que cuando no
entendían, tenían que preguntar nuevamente la consigna. Ellos preferían ponerse
a jugar y correr por la sala, gritando y riendo a carcajadas, distrayendo al
resto del grupo e invitando a otros de sus compañeros a jugar con ellos.
Ante este tipo de situaciones la docente me comenta que ya está cansada de
estos niños, “siempre son los mismos”- me dice, “No hacen nada, solo molestan y
no se que mas hacer con ellos”, “ya pedí una entrevista con el EOE, para que
vengan a ver su comportamiento y no me responden cuando podrán ayudarme”, en
ese momento eran dos, a la semana próxima, asiste un alumno que no estaba la
semana anterior; y cuando se repite esta situación, la docente me dice: “hoy
está completo el grupito de los revoltosos”.
Yo por mi parte, además de realizar observaciones y asistir a la docente,
me acercaba a los niños o ellos a mí, para hablar y al acercarme a uno de
ellos, para explicar una consigna y acompañarlo en una actividad, la docente me
dice: “Ni te preocupes por él, él es así”.
A lo que entendí, qué, aunque me esfuerce por ayudarlo, daba lo mismo, o a
ella le daba lo mismo, y me lo dijo delante del niño en cuestión y de sus
compañeros, sin reparo de quien pudiera escuchar.
Él es así, me dice la docente, me di cuenta, que no debía
preguntar ¿Cómo es?, a que se refería con él es así, ¿está mal ser
así?. No supe que decir, incluso no sé si estaba
preparada para escuchar la respuesta, o no quería que me lo dijera delante del
niño, por mi parte sentí que lo mejor fue permanecer
callada, por respeto quizás.
Iban pasando los días, y pude ver muchas actitudes que se repetían, hacia
ellos, pero hacía uno en particular, las etiquetas que coloca la docente hacia
ellos ya eran naturales en la sala, porque una niña repetía lo que la maestra
decía del niño. Este tipo de situaciones por parte de la
docente, lo pude ver durante tres semanas, con constante hostigamiento hacia un
niño o dos.
Es un hecho que este tipo de actitudes y dichos se pueden ver, escuchar y
se comenta en muchas ocasiones entre docentes, practicantes, padres y
compañeros/as. Resulta muy preocupante porque estas actitudes, terminan
condicionando el desempeño escolar del niño/a maltratado.
Además, muchas veces suelen ser naturalizados, tanto por adultos como por
sus propios compañeros, ya que son luego, los mismos niños que adoptan ciertas
frases y actitudes, que utiliza la docente hacia los que muestran esta supuesta
conducta “inadecuada”.
Me parece interesante resaltar, que no solamente cuando se trata de niños,
la forma despectiva de llamarlo, va ser una solución a lo que le esté
sucediendo, al contrario, ellos no van a modificar su comportamiento, sino que,
todo lo contrario. Marcarle sus dificultades, errores o posibilidades, tiene un
gran poder negativo en el niño/a y responderá a las expectativas que el adulto
deposita sobre él o ella, en este caso, negativamente.
Esto significa que la escuela, junto con la familia, deberían ayudar a cada
alumno a descubrir sus capacidades, vocaciones y ofrecerles los instrumentos
adecuados para desarrollar sus posibilidades al máximo.
Por el contrario, colocando etiquetas en los niños, no se estaría haciendo
más, que remarcar sus características negativas, ya que el niño/a podría pensar
si soy así, no puedo cambiar. Todas estas son formas de violencia simbólica,
que se replican sistemáticamente, sancionando el error y remarcando sus
diferencias, este tipo de asignaciones que el docente realiza sobre sus alumnos,
es una forma más de maltrato infantil, está realizando un hostigamiento que
generalmente es constante, llegando a la discriminación y privando al sujeto de
sus derechos a una educación basada en la igualdad y diversidad.
También me parece importante observar, las causas de algunas actitudes o
conductas de los niños, que llaman la atención, para trabajar y proponer
espacios donde cada uno pueda reconocerse y pueda desarrollarse, donde cada
niño/a encuentre lo suyo, y que la escuela o la sala no sea un lugar para unos
pocos.
Es necesario construir juntos un lugar, donde cada niño/a tenga su espacio
para crecer sin límites, donde se promueva el respeto, el diálogo, el amor, la
atención, la contención, la sinceridad y el compromiso. Para que cada niño y
niña tenga su tiempo y su ritmo para realizar las cosas. Ser consciente de la
tarea que nos toca como educador significa, generar medidas que lleven a
destruir estereotipos que son de generaciones anteriores. Sólo así, se podrá
fortalecer el vínculo, entre pares y adultos, atendiendo a los niños y niñas en
un entorno de igualdad y respeto.
DEVOLUCION:
ResponderEliminarEs un blogfolio sencillo, ordenado y fácil de navegar. Están bien organizado y las imágenes coincide con los diferentes textos redactados.
Me agrado el titulo y subtitulo, coincide con la forma en la que te expresas en cada una de tus entradas, coinciden con los textos trabajados. La única sugerencia que te haría es en utilizar otra imagen de portada, la cual se pueda apreciar un poco mas, ya que esa apenas se ve.
En cuanto a tus aportes en las entradas, me parecieron muy reflexivos.
Tu relato me llevo a mi infancia, nuevamente. El titulo me dio una idea de lo que iba a leer, sin duda me conmovió, por que viví y vi estas etiquetas constantemente en las instituciones. Es tan lamentable, que algunos/as docentes no se den cuenta del daño que puede hacer un calificativo a un niño o niña, como naturalizan, como algunos/as prefieren no hacerse cargo, o no intervenir para modificar estas actitudes. Toman el camino fácil, hacerlos a un lado, como si no estuvieran y no fueran parte del grupo, sin pensar que quizás esa sea la forma en que esos niños/as tengan de expresar que algo les pasa, que necesitan de un otro.
Coincido totalmente con tu forma de pensar, sentí a través de tu relato la incomodidad e impotencia que pudiste llegar a sentir en ese momento.
Que bueno que haya futuras docentes, que nos llame la atención estas situaciones y nos haga reflexionar en que esto se debe cambiar!
Me agrado tu blogfolio, y la forma en que te expresaste en cada aporte y sobre todo en tu relato!
Saludos.
Muchas gracias por tu aporte Nati.
EliminarSaludos.